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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Presentación: Brayan Stiven Ojeda Cogua


Biografía

           Mi nombre es Brayan Stiven Ojeda Cogua

          Nací en el país de Colombia el 4 de setiembre de 1999. Durante toda mi vida me ha fascinado la lectura pero en mi infancia no tenía libros así que me entretuve con algunos periódicos que encontraba en casa. 

         Casi toda mi niñez estuvo alejada de la literatura y la pasión por escribir dado que no conocía muchos libros. Sin embargo, a los doce años me mudé con mi padre a un pueblo cercano a mi ciudad de origen. El cambio me favoreció en mi vida social, pues comencé a tener algunos amigos, comprar algunos libros de poesía e inicié mi vida artística en la literatura; ya no era más el chico solitario que era bueno en las clases. 

          Desde los ocho años empecé a aprender cómo interpretar la guitarra y cantar, se me dio bien pero nunca tuve mucha fe en que pudiera ser músico, era desconfianza en mí mismo a pesar de destacarme en la ejecución del instrumento y también influía mi temor a tener que presentarme ante mucha gente.


         Dos años luego de instalarme en Cuítiva, el pueblo al que me trasladé y en donde conocí la literatura gracias a una maestra del colegio, me propuse escribir poesía y publicar mi propio libro. Tras meses de trabajo vi los frutos cuando al fin lo tuve en mis manos, a eso de los catorce años, ya era un poeta. Lo anterior fue gracias a que me decidí a auto editar y publicar mi libro que aún se encuentra en venta en el sitio web en donde lo publiqué. Posteriormente fui ganador del primer concurso de cuento lagunero de la reserva Lago de Tota Pueblito antiguo del municipio de Cuítiva con el cuento “Una heroína lagunera”. A pesar de las dificultades y mi problema para ser frecuente en mi trabajo, me hallo escribiendo mi primera novela que en realidad me apasiona y espero publicar en una editorial pronto.

         En el momento trabajo en varios proyectos; una historia de fantasía orientada a los jóvenes y niños, mi canal de booktube el cual abandoné por algún tiempo pero he retomado con el fín de compartir mi pasión por los libros y mis blogs, uno en donde reseño libros y hablo de la literatura y otro  en donde comparto algunas de mis obras poéticas y narrativas. Además me encuentro estudiando la carrera de ingeniería electrónica en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y entreno futbol y ajedrez por diversión.



LIBROS PUBLICADOS 






CONTACTO Y REDES

Canal de youtube “Estío bien leído” 


Blog 2.“Estival Writer” 

Twitter. “lectorestival”

Libro.“Enamorando al viento”




RELATO   


Los árboles no hablan

Quizá se encontraba deprimida, pero que más se podría esperar, la noche anterior había visto lo que siempre había querido sentir; lo vio en la acera de en frente donde una niña miraba los ojos de su amado tan tenazmente que el propio viento se detenía a observarlos, cada beso, cada lágrima y cada consuelo de aquel joven con su amada. Simplemente había observado por un prolongado lapso de tiempo el amor, pero siempre quiso que fuese ella, siempre deseó ser la que sintiera el cariño de su amado.

Su mañana, la de todo el mundo, la había visto transcurrir en silencio, sus labios rojos y la hermosura de sus ojos lo mostraban, ¡era hermosa! Ahora, al pie de un árbol cuyas raíces brotaban de la tierra como queriendo salir a caminar, lloraba su más triste decepción. Lo vio una mañana otoñal, la brisa le acariciaba el rostro y el tenue rayo de luz de aquel día la iluminaba, no logró decirle nada; siempre lo veía, como si nada, esperando que aquel loco de la bicicleta que trabajaba día y noche cantando en la acera, esperando ser admitido por los oídos sordos y los pasos apresurados de los transeúntes que solo pensaban en la velocidad de la era moderna, en su empleo, en sus familias, en su vida. Hasta ahora, solo se permitía verlo desde lejos, siempre admiraba su voz suave y romántica, su estilo de enamorado incomprendido y despechado que siempre, en toda ocasión y como por casualidad, tocaba en su guitarra de color negro, las más hermosas canciones, precisamente las que ella prefería.
En el momento, le llegaba a los oídos el tenue aroma de los encantos musicales de aquel príncipe, en toda ocasión, lo admiraba como un hombre ejemplar, no necesitaba más pruebas; si alguna anciana llevaba algo demasiado pesado, aquel ángel de la guarda le ayudaba con su carga, si alguien perdía algún objeto, este talentoso músico le devolvía su pertenencia de llegar a encontrarla;
-¡es perfecto!- se decía.
El vegetal de más de seis metros de alto la protegía de los rayos del sol, le brindaba sombra y un soporte en el cual su delicado cuerpo, como una hoja sobre el agua, reposaba para pensar en aquel que le había anonadado. Todos los días el arbolito de apariencia insignificante, excepto por su altura, pensaba en la manera de ayudar a aquella pareja lejana y desconocida entre sí, ¡no podía! Ni siquiera un consejo de amor le brindaba a aquella princesa de liricas campañas celestiales ¡Que mal que los árboles no hablaran! Sus días se llenaban de eso, una eterna contemplación del amor más inútilmente apreciado que jamás él hubiese visto, cualquier ocasión, era propicia para que aquella niña observara a uno de los más humildes príncipes y a la vez, para que el árbol más afortunado del mundo conociera el amor sin haberse aun dado.
Sus pensamientos la invadían a ella en el instante.
-¿Qué me dirías árbol? ¿Qué estoy loca? ¿Que no es amor? ¡Dios mío, si tan solo los árboles hablaran!-
Su mente se llenaba de eso, de fantasía, ¿Qué más podía pensar? Ahora, en el breve momento diario que a un lunes como ese le correspondía, al igual que al martes, el miércoles… solo pedía lo que no era capaz de hacer, al menos la capacidad de hablarle.
-¡Lo intentaré!¿que tengo que perder?-se decía en el fondo de su alma, como si la mente ya no tuviese velas en el entierro, como si ya no le incumbiera al cerebro ejecutar tal maniobra, ahora hablaba su corazón.
-¡Mucho! Perdería bastante si lo dejo escapar, el solo imaginar que me responda con un “no” me aterra, qué más da, lo haré. ¡Dios dame valor!-
Ahora su mente ya no tenía el timón, este barco era propiedad del corazón.


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