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miércoles, 27 de abril de 2016

NO SOY COMO TÚ

Buenas! Hoy publico una historia que empecé hace mucho tiempo y que no tengo pensado terminar pero tiene un significado importante para mi y quiero que conozcáis. Como no pienso continuarla pues no voy a poner un resumen, pero si avisaros de que es una historia de temática homosexual y  con contenido un poco explícito.
A quien no le gusten estos temas que no siga leyendo.




UNO

MATÍAS

      Respiré profundamente, tratando de analizar mis ideas. Mis nervios estaban aún muy presentes como para dar un solo paso más. Sin embargo, no iba a conseguir nada quedándome ahí de pie y esperando a que ocurriese algún tipo de milagro. Debía entrar ya.
Tragué saliva y lentamente me acerqué a la gran puerta roja de metal que había en la entrada. La crucé como muchos otros estaban haciendo y en un abrir y cerrar de ojos llegué al otro extremo del patio.
   Ahora solo tenía que preguntar a alguien que me dijera donde se encontraba mi aula.
Supongo que tendría que preguntar en secretaría o a algún profesor.
   Los pasillos estaban repletos de adolescentes chillando y corriendo, creo que yo era el único que caminaba con normalidad. Había mucha luz y a ambos lados se encontraba una larga fila de taquillas de metal oxidadas. Guiado por mi instinto e ignorando los gritos de mis compañeros llegué a una puerta de madera que yacía junto a la última de las taquillas, en el lado izquierdo. Leí el cartel que ponía encima: secretaria. Y entré. Tuve suerte al no encontrar cola.
   Me apoye en la mesa y forcé una sonrisa para la mujer que había tras el mostrador.
   -hola-dije, con voz entrecortada-soy nuevo.
   Ni siquiera me miró ni se mostró amable cuando dijo:
   -Bienvenido.
   Me remojé los labios con la lengua, ya que los tenía muy secos y observé la apariencia de la mujer. Estar allí durante tantas horas debía ser aburridísimo e incómodo.
  Fruncí el entrecejo y observé el pelirrojo cabello de ella, y esos ojos color miel. Iba vestida con traje, un traje que parecía muy incómodo y asfixiante.
  Nombre?
  -Matías Hernández-le dije y sin levantar la vista, la mujer comenzó a buscar mi en un folio por la H de  Hernandez.
  -Aquí estás. Hernández, Matías. Aula 17, al final del pasillo a la derecha.
  Asentí sin mucho entusiasmo, ya que cada vez estaba más y más cerca. No quería que llegase el momento de entrar en esa clase, puesto que no conocía a nadie.
  -Toma-me dijo aquella mujer, entregándome una llave con el número de mi taquilla-no la pierdas.
Iba a salir ya de la secretaría cuando aquella mujer me detuvo y me entregó un libro de texto que según ella mi madre había encargado meses antes. Lo cogí con cierta desgana y abrí la puerta con un empujón. Me quité la mochila del hombro y mientras caminaba fui directo hacia mi taquilla.
Sin embargo, alguien me dio un empujón y choqué contra las taquillas de la derecha. Mis libros y todo lo que había dentro de mi mochila cayó al suelo de cualquier manera.
Escuché un “¡quita de en medio!”, y unas risas que se alejaban corriendo por el pasillo. Me aparté como pude de las taquillas y me acaricié el hombro, que me dolía por el golpe. Me agaché para recoger mis libros, y unas manos pequeñas y delicadas se extendieron hacia mí para entregarme mi cuaderno de dibujo, que había volado a varios metros de distancia. Lo guardé en mi mochila y di las gracias sin mucho entusiasmo, cuando me di cuenta entonces de que mi vida estaba a punto de cambiar. Frente a mí estaba la chica más guapa que había visto en toda mi vida. Era alta, con una espectacular sonrisa. Su cabello era negro, largo y ondulado y sus ojos oscuros parecían dos lunas llenas. Cuando me miró me estremecí por completo y quise saber su nombre, pero no me salían las palabras.
Me levanté del suelo y me puse frente a ella. Era más alta que yo. Dos o tres centímetros.
Abrí la boca para preguntarle su nombre pero su sonrisa, ahora más amplia me cegó y se me atascaron las palabras en la garganta.
Traté de disimular sonriéndola yo también, pero estaba tan nervioso que mis labios estaban paralizados.
Fue ella quien dio el primer paso.
-¿Eres nuevo?-me preguntó-nunca te he visto por aquí.
Asentí, colocándome de nuevo la mochila al hombro. La muchacha se colocó un mechón de pelo tras la oreja y me miró directamente a los ojos.
-¿Qué taquilla te han asignado?
Su voz, alegre y cantarina me producía una incansable sensación de felicidad.
Miré el número que ponía en la llave y dije a media voz:
-Cuatro.
-Muy bien. Si quieres te acompaño, la mía es la cinco.
Esta vez no pude evitar esbozar una sonrisa. La cinco. Debe ser cosa del destino.
Caminamos juntos por el pasillo sin pronunciar palabra. Me fijé mejor en su ropa. Llevaba una blusa blanca y unos pantalones cortos. Y ahora me daba cuenta de que iba maquillada.
Me detuve frente a mi taquilla y mientras ella sacaba algo de la suya yo la miré disimuladamente.
-¿Qué aula es la tuya?-me preguntó cerrando su taquilla con llave. Me quedé impresionado cuando vi que llevaba la llave a modo de colgante, para no perderla.
-la 17.
Me miró a los ojos de tal forma que sentí como mi corazón daba saltos de alegría. Respiré profundamente para controlar mis mociones y no cagarla.
-Oye… ¿Cómo has dicho que te llamabas?
Esperé con impaciencia su respuesta. Dejó de sonreír un breve instante y luego asintió. “Seguro que tiene un nombre hermoso, como Johana, o Sheila”, pensé.
-No te lo he dicho-me dijo finalmente. Cerré la puerta de mi taquilla con llave y me la guardé en el bolsillo.
La chica no me quitaba el ojo de encima, cosa que me ponía muy nervioso.
-¡Riley!-escuché y ella se giró de inmediato-date prisa o llegaremos tarde.
-Voy-dijo ella y se volvió hacia mí.
-¿Así que te llamas Riley?
Es mucho más bonito que Johana o Sheila. Es hermoso, sin duda. Como ella. Riley me miró y me sonrió,
-Sígueme, te mostraré la clase.

JAVIER
 
La música sonaba a toda pastilla en el coche. Andrés y José gritaban y sacaban la cabeza por la ventanilla gritando a la gente que paseaba por la calle. Salva tarareaba una canción y yo fumaba un cigarrillo mientras seguía el ritmo de la música.
Andrés abrió una botella de cerveza y se la bebió enterita de dos sorbos.
-Bestia-le dijo José partiéndose de la risa y dándole golpecitos en la espalda.
-Estáis locos-les reproché-¿No podríais esperar a después de las clases para emborracharos?
-Cálmate-me pidió Salva con esa voz tan dulce que tanto me gustaba-son ellos los que se van a meter en líos, no nosotros.
Asentí, no muy convencido de ello y acto seguido José y Andrés salieron del coche haciendo eses y diciendo cosas sinsentido.
Yo me quedé a solas con Salva, justo lo que había pretendido desde el principio. Apagó la radio con un rápido movimiento y sin quererlo me imaginé esos largos y hábiles dedos sobre mi piel desnuda, enredados entre mi pelo, siguiendo la forma de mi nuca… obligándome a echar la cabeza hacia atrás hasta que esta descansara sobre su brazo y esos fríos ojos marrones me tragaran.
-Bueno-dije yo, volviendo a la realidad-tengo que irme a clase.
Los ojos de Salva se mantuvieron fijos en mí, no sabría explicar la expresión de su rostro porque en aquellos momentos no parecía sentir nada. Tragué saliva al encontrarme con esos preciosos ojos marrones y penetrantes que tanto me perturbaban al mirarlos.
Salva apagó el motor.
-Si sales antes que yo espérame aquí-dijo-te llevaré a tu casa.
Sabía que iba a decir eso, pero justo ese día, después de las clases, me apetecería hacer algo diferente. No quería ver a mi madre tan pronto así que sonreí a mi amigo y le dije con voz burlona:
-¿Sabes? Se me ocurren otros muchos sitios a los que podrías acompañarme.
Él captó la indirecta y me sonrió también, y justo cuando me decidí a salir del coche Salva me lo impidió, cerrándome la puerta y obligándome a sentarme de nuevo.
Lo miré esperando a que dijera algo, pero en lugar de eso se desabrochó el cinturón y se inclino hacia mí.
Me relamí los labios para remojarlos y que no estuvieran tan secos y a Salva pareció gustarle ese acto porque me desabrochó el cinturón del coche para que pudiera moverme y se acercó aún más a mí para besarme.
-Espera-le detuve colocándole el dedo índice sobre los labios-eres muy impaciente.
-Llevo tres días sin sexo, y tú me pones a 100.
-¿Por qué?
-No hagas más preguntas y bésame.
Sonreí lentamente y Salva me dio un beso en los labios. Sentí su lengua dentro de mi boca y deseé aún más. Deseé hacerlo con él ahí mismo.
Deseé quitarme los pantalones y que me penetrara ahí mismo, sobre el asiento de copiloto.
Me desabrochó la cremallera del pantalón y metió su mano dentro. Me estaba poniendo súper caliente.
Sin embargo un hombre nos cortó el rollo cuando golpeó el cristal de mi ventana, diciéndonos que ahí no se podía aparcar.
Salva se apartó de mí inmediatamente y yo abrí la puerta para marcharme.
-Luego te veo-me despedí y crucé el patio hasta llegar a secretaría. Allí, Lidia Curtis me entregó la llave de mi taquilla, la misma del año pasado,  puesto que yo, allí donde me veis, estaba repitiendo primero de Bup por segunda vez
Guardé el resto de mis libros en la taquilla 12 y me dirigí al aula 17 con el libro de matemáticas en la mano.
Llegaba tarde. Ni siquiera se me ocurrió llamar a la puerta y eso fue lo peor. El profesor me ordenó que me saliese de clase y volviese a entrar, pero con un mínimo de educación.  
Volví a entrar y me fijé en las miradas acusadoras de mis compañeros, por llegar tarde.
-Javier García, espero que hayas aprendido la lección y en este curso te comportes, porque ya no se puede repetir más veces. Ponte ahí, en el único sitio que queda libre.
Me dirigí a la tercera fila, y dejé caer mi mochila al lado de la mesa y saqué mi libro y mi cuaderno.
-Javier, pídele los apuntes a Matías.
Señaló a un muchacho que se sentaba a mi lado y que ahora me miraba fijamente, perfectamente sentado con la espalda recta y las piernas juntas. Si me fijé bien pude comprobar que tenía los ojos de un color verde claro y el pelo le caía suavemente por los hombros. Tenía una perfecta caligrafía y no parecía torcerse al escribir.
Él, sin pronunciar palabra me pasó su cuaderno para que lo copiase y yo acepté con mucho gusto.
Mientras el profesor explicaba algo en la pizarra yo me dedicaba a copiar los apuntes de mi compañero todo lo rápido que podía.
Sin embargo un trozo de papel arrugado me interrumpió justo en el último párrafo. Lo cogí del suelo y lo desdoblé.
Se me escapó una pequeña carcajada.
Así es como yo imagino al profe, ponía y había dibujados tres o cuatro caricaturas del maestro. Me dediqué a hacer la mía tal y como yo me lo imaginaba y pasé de escribir las últimas líneas de mis apuntes.
Le di al dibujo unos retoques finales y volví a doblarlo y justo cuando iba a lanzar la bola de papel, un palo muy fino de madera golpeó mi mesa, sobresaltándome. Levanté la cabeza y allí estaba la mirada asesina del maestro observándome con cara de pocos amigos. Tragué saliva y me estremecí al pensar en el castigo. Me arrebató la bola de papel y leyó lo que había dibujado en ella.
Toda la clase estaba en silencio.
-al despacho del director. Él te pondrá un castigo por no atender en clase.
Me levanté lentamente de la silla y salí del aula con las miradas de mis compañeros puestas en mi espalda.
Me dirigí al despacho del director, pero me lo pensé mejor y decidí dar una vuelta pasando primero por el servicio.
Me llegó a las fosas nasales un olor muy fuerte a porro y cuando entré me di de bruces con las miradas de mis amigos. José, Andrés y… Salva. Él siempre conseguía tranquilizar mis nervios.
-¿No deberías estar en clase?-me preguntó Andrés.
-el idiota del maestro me ha expulsado.
-¿el primer día?-José se estaba riendo, cosa que no me gustó.
-Sí, me ha mandado al despacho del director, pero paso de ir.
-Ah, eres un chico malo ¿ehh?
Salva dio un par de pasos y le dio un empujón. Después se acerco a mí y me dijo al oido:
-A mí me encantan los chicos malos.
Me ofreció un cigarrillo que cogí sin pensármelo, mientras José atrancaba la puerta con un palo grueso de madera. El olor del cigarro me entró muy hondo por las fosas nasales. Me encogí de hombros y di un par de caladas.

MATÍAS 

No me enteré de casi nada de la primera asignatura. No podía dejar de pensar en Riley, todos mis pensamientos los manejaba ella. Tan dulce y hermosa.
¡Aish! Que ganas tenía de poseerla.
Estar cerca de ella me resultaba tan agradable… Desprendía un olor a jazmín que me resultaba embriagador.
Caminamos juntos por el pasillo e hicimos una breve parada en la taquilla cinco para que Riley sacase sus cosas. Luego nos dirigimos a los baños, uno en frente de otro. Traté de abrir la puerta pero esta no cedía.
-¿Qué sucede?-me preguntó Riley a mis espaldas.
-la puerta no se abre.
-entra conmigo en el de las chicas-me dijo-tranquilo, muchos chicos lo hacen. No pasa nada.
Me encogí de hombros y la seguí hacia el baño de las chicas.
Me refresqué la cara y cuando levanté la cabeza vi en el espejo el reflejo de Riley. Se había quitado la blusa y dejado al descubierto su sujetador blanco.
“¿qué está haciando?”, me pregunté, perplejo.
Luego observé como se lo desabrochaba lentamente por delante dejando al aire libre un par de pechos perfectos. Tragué saliva tratando de no imaginarme nada mientras ella se desnudaba.
Riley pareció darse cuenta de mi reacción y con un tono burlón dijo:
-¿Qué pasa? ¿nunca has visto a una chica desnuda?
No supe qué responder. Claro que había visto chicas desnudas, en la tele y en fotos, pero nunca nada como aquello. ¿Es que no tenía vergüenza?
Sacó un top de deporte de su mochila y sin prestarme atención se lo puso. Después se quitó los pantalones, quedándose en ropa interior.
Se puso un chandal y unas deportivas y guardó la ropa que acababa de quitarse en la mochila.
Se la colgó del hombro y con una leve sonrisa y un movimiento de cabeza, apuntó que la siguiera.
Tocaba educación física. La siguiente asignatura. Caminé al lado de Riley con mucho gusto hasta que se separó de mí y se fue con sus amigas. Yo me quedé solo esperando a que la maestra dijera lo que hacer.
-soy la señorita Boston, algunos de vosotros ya me conocéis del año pasado, pero veo que tenemos rostros nuevos.
La maestra hizo un leve movimiento de cabeza y pitó con su silbato.
-Dad diez vueltas al campo.
Eso hicimos. Comencé a correr al lado de mis compañeros sin prestar atención a nadie, solo con la necesidad de aprobar.
A la sexta vuelta ya no podía más, sin embargo aceleré porque sentí la mirada de la señorita Boston clavada en mí.
No obstante y sin que nadie pudiera evitarlo me tropecé con algo y me caí de bruces al suelo. Fue un golpe sordo y solo me dolió minutos después cuando me miré la rodilla derecha y ambas palmas de las manos.
Mi rodilla estaba toda ensangrentada y mis manos tenían unos cuantos rasguños. Me dolía la cabeza, creo que del susto y traté de levantarme pero entonces sentí que la pierna derecha se me doblaba y que no podría sostener todo mi peso. Me había torcido el tobillo.
La maestra Boston vino enseguida a socorrerme y todos mis compañeros se me quedaron mirando a una prudente distancia.
-¿Estás bien?-me preguntó-¿puedes caminar?
No podía.
-Déjalo por hoy, le diré a uno de tus compañeros que te acompañe a la enfermería.
No tuvo que elegir a ninguno. Riley se ofreció voluntaria, cosa que me agrado y me pareció frustrante a la vez.
De camino a la enfermería decidí hacer una parada al servicio para limpiarme un poco la herida.
-Espera-la cálida mano de Riley me detuvo-¿necesitas ayuda?
Negué con la cabeza.
-si necesitas ayuda solo tienes que llamarme, no pienso moverme de aquí.
-gracias-forcé una mueca.
-de nada-dijo-ah, y otra cosa. Te han hecho la zancadilla, adrede.
Bajé la cabeza para no tener que enfrentarme a su mirada.
-solo quería que lo supieras.









DOS

JAVIER

José y Andrés salieron hace media hora del baño, dejándonos a Salva y a mí solos. Ahora mismo tendría que estar en clase de educación física, haciendo deporte, aunque ¿Qué mejor ejercicio que un buen polvo? Eso no podéis negarlo.
Salva había aprovechado a que todos estuvieran en clase para continuar lo que dejamos esta mañana.
Me empujó hacia el váter y me apoyó en la pared mientras me desnudaba salvajemente.
-Gime para mí-dijo en un susurro con los labios pegados a mi oído. Aunque fue casi más un ronroneo que le salió de la garganta, suave y erótico. Se desabrochó los pantalones y me obligó a agacharme y a meterme su miembro completamente erecto en la boca. Me agarró fuertemente del pelo y me acarició la espalda. Sentí el deseo de hacer lo mismo, de alzar el brazo y de acariciarle los abdominales bajo su camiseta, pero no me atreví, apenas sentía mi cuerpo y el frenesí agitando mi alma y dándome descargas eléctricas.
Dejó que me levantara para empotrarme fuertemente contra la pared y comenzó a darme besos por el cuello y la boca.
Mantuve los ojos cerrados, aferrándome a él mientras me levantaba del suelo con las piernas y los brazos en torno a él, abrazando mi cuerpo empapado en sudor.
Se me escapó un pequeño grito de placer cuando le sentí dentro de mí.
-Te gusta ¿verdad?-dijo y continuó dándome suaves besos por el cuello. Yo asentí pues hablar no podía. No podía dejar de gritar, aquella sed que tenía por él era insaciable y solo podía apagarla con esto. Necesitaba sentirle.

MATÍAS

Empujé la puerta blanca de los servicios y entré sin Riley para tener un poco de intimidad. Era bueno tenerla a mi lado, pero ahora necesitaba despejarme la mente. Olía a droga, e instintivamente me tape la nariz con la mano. Me apoye en la pared y abrí el grifo para limpiarme la herida de la rodilla. Primero me remojé las manos y me las limpié con jabón y luego me eché un par de gotas en la rodilla derecha para limpiarme la sangre y la roña.
Esto dolía.
Respiré hondo para aguantar el dolor y escuché unos ruidos muy raros que se escuchaban en uno de los servicios.
Lo ignoré por el momento pero poco a poco se fueron haciendo más y más intensos, hasta que me di cuenta de que se trataban de ruidos de placer. Gemidos.
Me acerqué a la única puerta que había cerrada y me agaché para mirar por debajo. Lo que vi me dejó sin aliento y me levanté rápidamente para marcharme pero me di en la cabeza con la parte de debajo de la puerta. De pronto los gemidos cesaron y durante un momento contuve la respiración hasta que la puerta se abrió.
Tragué saliva y pensé en salir corriendo pero eso sería una mala idea.
-Lo… lo siento. Creía que no había nadie-me excusé.
Ambos me miraron con recelo. El más alto de los dos llevaba unos pantalones de esos que se te ven los calzoncillos y unos músculos que me dejaron sin respiración. ¿Cómo puede alguien joderse tanto el cuerpo?
Tenía un pelo medianamente largo que le caía haciendo hondas hasta los hombros. Lo llevaba recogido con un pequeñísimo moño. Varios mechones le caían a ambos lados de la cabeza. Tenía los ojos marrones y un tatuaje de un dragón en el brazo izquierdo.
El segundo tenía los ojos azul zafiro y también se le notaba mucho el deporte que hacía. Era rubio y tenía el pelo rizado y alborotado.
Caí en la cuenta de que era el mismo chico que había expulsado el profesor en clase de matemáticas. Como se llamaba… ¡ah, sí! Javier García.
-Javi ¿Por qué no te vas a clase? Yo me ocupo de él.
Javi negó con la cabeza y no se movió del sitio. El otro se acercó a mí lentamente sin apartar sus ojos de los míos.
-Salva-dijo extendiendo la mano. Yo se la estreché y traté de tener controladas mis pulsaciones.
-Ma… Matías.
-Espero que lo que has visto hoy se quede entre nosotros ¿Entendido?-asentí sin pronunciar palabra-no me gustaría tener que cerrarte la boca por la fuerza.
Y con el dedo índice y corazón acarició mis labios.
-No se lo diré a nadie-conseguí pronunciar.
-Así me gusta-dijo él y con un movimiento de cabeza agarró a Javi de la mano y juntos salieron del baño.
Me quedé ahí quieto, de pie, inmóvil, tratando de asimilar lo que acababa de ver. Claro que no iba a contárselo a nadie. Quién me creería.
Riley entró en el baño, impaciente, por haberme estado esperando y me acarició el pelo.
-¿Por qué tardas tanto? ¿estas bien?
Asentí. Me apoyé en su hombro y me acompañó a la enfermería donde me curaron todas las heridas.  


JAVIER

-¿Estás bien?-me preguntó Salva mientras me daba un suave y caliente beso en el cuello. asentí con torpeza y me aparté un poco de él.
-Sí. Estoy bien. Solo un poco mareado.
-Ese es uno de los efectos secundarios de tener sexo exprés.
Solté una carcajada por el buen humor que desencadenaba Salva cuando estaba conmigo. Luego lo miré con una media sonrisa y sin pensárselo dos veces me acerqué a él y lo besé en los labios.
-Tengo que volver a clase-dije-espérame a la salida.
Salva asintió y se quedó observando como yo regresaba a mi siguiente clase. Me siguió a distancia. Él tenía que regresar a la suya, por mucho que le molestara asistir debía aprobar aquel curso como fuera. Ya había repetido dos veces y no podía repetir otra vez

Recorrí el pasillo ya en silencio hasta llegar al aula 17 donde mis compañeros estaban cada uno en su sitio y prestando atención a lo que el maestro explicaba.
Entré en clase sin llamar a la puerta y la profesora me echó una mirada asesina mientras me dirigía a mi sitio.
-Voy a repetir lo que he dicho hace un momento gracias al señor García que no estaba en su sitio y sentado como todos los demás-dijo ajustándose las gafas de culo de vaso-he decidido suspender el examen de geografía y en lugar de eso poneros un trabajo en grupo. Tenéis que entrégarmlo el viernes de la semana que viene. Tenéis ocho días.
Sacó de su carpetilla una hoja amarilla y buscó algo.
-García-dijo dirigiéndose a mí-te pondrás con el señor Hernández. Sé que he dicho que era un trabajo en grupo pero sois los únicos que quedáis solos.
Alcé la vista hacia mi derecha, el lugar donde Matías me observaba, muy serio. Me taladró con la mirada y yo le observé detenidamente. Ahora que lo veía bien, me daba cuenta de que era muy guapo. De repente sentí un profundo deseo de poseer su cuerpo. Noté la garganta seca y ardiente y para asegurarme de que no estaba teniendo ningún tipo de locura psicótica sacudí la cabeza con violencia para quitarme esa horrible y caliente sensación de la mente. Dios, me estaba volviendo loco. Me imaginé lo impensable, Matías y yo desnudos en una cama gozando a más no poder, con el roce de nuestros cuerpos, con los gritos de placer flotando a nuestro alrededor.
Meneé la cabeza, secándome el sudor de la frente y volví a mirarle. Sus ojos volvieron a posarse sobre los míos y me parecieron dos enormes aceitunas.
Lo cierto es que no estaba nada mal. Esa mirada… le daba un aire misterioso y su pelo me pareció único en el mundo. Era de color negro y le caía haciendo pequeñísimas hondas por los hombros. Tragué saliva al darme cuenta de que me estaba sonriendo y no pude esbozar una débil y tímida sonrisa.
-Bien-dijo de pronto la profesora, devolviéndome a la realidad-os dejo media hora para que os organicéis.
Se sentó en su silla acolchada y comenzó a corregir exámenes mientras los alumnos se levantaban rápidamente y comenzaban a reunirse en grupos de tres o cuatro. Excepto Matías y yo, que tardamos un tanto en reaccionar.
Le miré de soslayo mientras él recogía todo el material y se trasladaba a mi mesa. Apoyó ambos brazos sobre la mesa y suspiró, me miró a los ojos e hizo una mueca que no supe descifrar.
-bueno…-fue él quien dio el primer paso.
-bueno…-repetí.
-¿empezamos?
-eh… sí, claro.
Abrí rápidamente el cuaderno y el libro por la página ocho y él hizo lo mismo. Observé como mordisqueaba el extremo de su bolígrafo azul y escribía algo en el folio.
Me rasqué la cabeza con las uñas, tratando de ignorar el horrible picor que me causaba el sudor. Me mordí el labio inferior y me acerqué a él, para ver lo que había puesto. “trabajo geografía, primera evaluación”.
Matías levantó la mirada y sostuvo la mía durante tres segundos, luego dijo:
-¿Quedamos?
La pregunta me llegó de improviso y no llegué a entender a lo que se refería.
-¿Cómo?-le pregunté.
-Que si quedamos. Esta tarde, por ejemplo, no acabaremos este trabajo si lo hacemos todo en clase.
Ah, así que se refería a eso. Bueno, sí, sí que podríamos quedar, solo hay un pequeño problema…
-¿En tu casa o en la mía?
Me lo pensé varias veces. Lo cierto era que no quería que viniera a mi casa por una razón…
-En tu casa mejor.
-Perfecto. ¿Después de clase?
-Vale.
Matías sonrió enseñándome todos sus dientes y por alguna extraña razón me sentí bien.

MATÍAS

La clase se me pasó volando por alguna extraña razón que desconozco. Javi me caía bien, era un tipo majo y simpático. Me gustó que me pusieran con él, así nos conocerímos mejor y ya tendría un amigo ganado.
La maestra de dibujo no acudió a clase. Estaría enferma. Pero ya que estábamos en clase de plástica, aproveché para sacar mi cuaderno de dibujo y algunas pinturas. Busqué a Riley con la mirada y la encontré sentada en un rincón hablando con otra chica. No se movía demasiado, eso estaba a su favor.
Con pequeños toques conseguí dibujarle la forma de la cara, angelical, perfecta un pequeño boceto de lo que sería ella en la realidad y cuando lo terminé borré algunas partes para comenzar a perfeccionarlo. Busqué mi lápiz y con un par de líneas dibujé su pelo y con uno de color negro lo mejoré dándole un poco de color con distintos tonos.
Me estaba quedando perfecto, tal y como era ella, no podía salirme mal. Riley era única, no había en el mundo ninguna chica que se le pareciera. Ella era especial, un angel caído del cielo. No me di cuenta de que había levantado la cabeza del folio y sonreía con la mirada fija en ella hasta que Riley posó sus enormes ojos en mí, dejandome sin respiración.
Y antes de que pudiera evitarlo siquiera ella estaba viniendo hacia mí, tan danzarina como siempre, tan alegre, tan guapa. Apoyó Ambos codos sobre mi mesa haciendo un recorrido imaginario con el dedo indice sobre mi pupitre. Me miró, pícara e intenté no fijar la vista hacia su considerable escote, el cual me llamaba a gritos. Aparté la vista bruscamente y traté de calmarme.
-¿Estás bien?
Asentí.
-¿Qué estás haciendo?-alargó una mano hacia mi cuaderno de dibujo e intentó cogerlo pero yo se lo impedí.
-esto… es privado.
-¿privado?-se echó a reír- razón de más para que me lo enseñes. Soy muy cotilla.
Fruncí el ceño fingiendo estar enfadado, pero solo para deshacerme de ella, aunque lo cierto era que me agradaba mucho su presencia.
-pues lo siento, es privado y no te lo voy a enseñar.
Riley fingió una mueca triste que más que eso hacía gracia, pero estaba monísima. Al ver que no reaccionaba ante esa carita comenzó a suplicarme de forma verbal.
-Venga… porfa.
-no-me negué y entonces intentó arrebatarme el cuaderno a la fuerza pero le fue inútil. Previne su ataque y me levanté de la silla a tiempo. Esta cayó al suelo haciendo un ruido algo estridente.
-así que no vas a enseñarme lo que hay en ese cuaderno tuyo ¿no?
-exacto.
-muy bien.
Riley me sonrió dulcemente. A pesar de ese pequeño conflicto todo aquello era una broma. Una peleílla entre amigos.
“Amigos”…
Observé como se alejaba por en medio de los pupitres, meneando las caderas. Me di la vuelta para recoger la silla y entonces se me echó encima como un animal en celo.
No tuve tiempo de reaccionar, parecía un borracho loco después de haberse drogado. Riley estaba agarrándose a mí por la espalda, montada a caballito y yo tratando de quitármela de encima y ella intentando alcanzar mi cuaderno.
Reía. Y yo tambien. A pesar de todo ese barullo ambos nos estábamos divirtiendo. Su risa era angelical, como el canto de las sirenas. No. Mejor que eso. Ella misma era una sirena. Una sirena que no encajaba en este mundo. Una sirena guapa, inteligente, divertida… lo tenía todo, una chica así no podía encajar, de ningún modo. Nada podía estar a su altura.
Tampoco yo lo estaba.
Yo no soy guapo ni estoy cachas ¿no es eso lo que les gusta a las mujeres?
En un arrebato los dos caímos al suelo de espaldas, y casi nos golpeamos contra mi mesa. No dejamos de reír.
“Me gusta como se ríe ella”.
De pronto se cayó y todo a nuestro alrededor se quedó en silencio. Nada existía. Solo nosotros dos.
Me aparté un poco de ella para que pudiera levantarse y se incorporó antes que yo, acercándose a mi cuaderno de dibujo que reposaba abierto en el suelo.
“oh, no, ahora lo descubrirá todo”. Pero no, no descubrió nada porque en lugar de ojearlo, tal y como ella hubiese deseado, lo cerró con cuidado y me lo entregó.
La miré sorprendido cogiendo el cuaderno entre mis manos y perdiéndome en su mirada.

-Ha sido divertido-me dijo, con voz dulce, acompañada por una sonrisa. 

4 comentarios:

  1. Hola.
    He de decir que no es una de mis tematicas preferidas, aunque es cierto que las pocas novelas que he leido de tematica homoxesual no me ha defraudado y en este caso me he quedado con ganas de saber mas. Si algún día decides escribir el final ahi estaremos para leerlo.

    Aporto mi granito de arena y me quedo por aquí.

    Chispibesitos.

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  2. Hola, muchas gracias :D
    Este es un libro que comencé hace tiempo y me quedé a medias (tenía pensado publicarlo) pero a lo mejor lo continuo y lo subo al blog.
    Ahora estoy escribiendo uno muy parecido también de temática gay que intentaré publicar con editorial.
    Gracias de nuevo por pasarte y comentar. Besitosss

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  3. Hola! Muy buena entrada :) Soy Max de eldiariosecretodemax.blogspot.mx y te sigo desde la iniciativa "Tu me comentas, yo te comento". Me daría mucho gusto que te pases por mi blog :)
    Saludos, Max.

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