miércoles, 2 de septiembre de 2015

RESEÑA: EL VIEJO Y MR SMITH

 
Título: El Viejo y Mr Smith
Autor: Peter Ustinov
Editorial: Plneta (Best Seller Mundial)
Páginas: 255

Sinopsis

Se trata nada menos que de Dios y Satanás en una misión de investigación en el planeta tierra . Pero esos dos viejos adversarios han perdido un tanto el contacto con lo ocurrido en el mundo moderno, y no tardan en verse en mil apuros.Detenidos por el FBI por falsificación (Dios tiene un pequeño truco por el que hace aparecer fajos de billetes nuevos de cien dólares), no tardan en escapar, y toda su visita a la Tierra la pasarán huyendo.Tras un hilarante encuentro con un predicador televisivo que se niega a creer que tiene a Dios y al Diablo «en directo» en su programa, nuestros protagonistas se lanzan a una rápida vuelta al mundo que los lleva a Rusia, Israel, China y, por último, la India, donde un grupo de santones los reconocen.

Opinión

He de confesar, que en cuanto vi el libro pensé que no me iba a gustar ya que la portada deja mucho que desear y no invita demasiado a la lectura. A mí me lo recomendaron y decidí darle una oportunidad.  Leí el resumen y no me lo pensé dos veces. 
Antes de empezar el libro ya sabía que me iba a gustar porque esta temática siempre ha sido mi preferida. La fantasía sobrenatural, de ángeles y demonios y temas similares siempre consiguen entusiasmarme y desear leer más sobre el mismo tema. Sin embargo, desde el primer momento, este me pareció diferente. No es el típico libro de una guerra entre ángeles contra demonios, o un demonio que se enamora de la protagonista y la la lían, que aunque me encanten, y nunca me voy a cansar de leerlos, ya están un poco vistos. Lo diferente engancha y este me enganchó desde la primera frase.
Desde el primer momento me atrajo sobre todo la idea de que los protagonistas se trataran nada mas y nada menos que de Dios y Satán. Estos dos personajes suelen estar muy presentes en los libros sobre fantasía de ángeles y demonios pero nunca habían sido ellos los protagonistas.
Me ha parecido un libro fácil de leer y muy divertido. Se lee muy rápidamente aunque yo recomiendo que se lea con tranquilidad (yo me arrepentí de habérmelo terminado en tan poco tiempo). El autor consigue introducirte de lleno en la historia representando a los protagonistas en plena actualidad, dándoles "vida propia". El comportamiento, las actitudes y las creencias de los protagonistas propias de la "Antigüedad" contrasta con los conflictos y problemas sociales, culturales, políticos e ideológicos de de nuestra época lo que hace que la lectura sea más divertida. Trata uno de los temas más polémicos de hoy y de antes; la religión. Sin embargo, este libro está tratado casi de forma humorística, respecto a todos los campos, ya que representa a estos dos personajes, "de la mano" tratando de superar ciertos conflictos y dejando atrás sus diferencias.  

En algunos momentos me reí. Pero no una simple sonrisa, sino a carcajada limpia. Si vosotros también os imagináis a Dios y a Satán de una forma tan clara como yo, también os pasará. Una cosa que no me ha gustado son los intensos debates y reflexiones que hacen cada uno de los personajes. Llega un momento en que son tan largos que me llegué a perder. Aunque este libro sin debates ni reflexiones ya sean de política o de religión o de lo que sea, no tendría sentido. 
Me gustó tanto, que he llegado a leérmelo hasta tres veces, y quizá me lo lea una cuarta cuando pase un tiempo. 

Se lo recomiendo a todo el mundo.    

fragmento

" Míster Smith estaba satisfecho con lo conseguido; pero de nuevo, cuando tanto había logrado, volvía a preocuparle la ausencia del Viejo. El Concorde iba a salir antes de una hora. Tenían pasaportes y tarjetas de embarque, pero no equipaje, por el momento, ni fotos para el pasaporte, y sobre todo, faltaba el otro viajero. Miró en todos los locales del vestíbulo, pero no encontró ni el menor indicio de su compañero. Después, en una sala dedicada a varias aerolíneas menores, reparó de pronto en un fotomatón con la cortina echada y gente impaciente alrededor. Un extraño instinto le hizo ir hacia la pequeña cabina. —¿Cuánto tiempo piensa seguir ahí dentro? —gritó una mujer. Las reacciones de la gente tenían la urgencia sombría de quienes esperan a que queden libres unos servicios de lo más necesarios. Los ojos de míster Smith se posaron en la bandeja de metal en la que eran escupidas las fotos de vez en cuando. Una nueva serie de cuatro siguió a las veinte o más que ya había. Eran todas del Viejo, y expresaban las múltiples variedades de la emoción con la severidad de las ilustraciones de un libro Victoriano de técnica de la interpretación. La Avaricia, la Codicia, la Vanagloria, la Obstinación, estaban representadas por otras tantas muecas, eso sin hablar del Terror, el Asombro, la Inocencia y el Orgullo. —¿Qué haces ahí dentro? La voz de míster Smith crepitó, llena de recelo. Al instante se descorrió la cortina y el Viejo le miró con auténtico placer. —¡Ah, por fin estás ahí! —¿Por fin? —Llevo horas aquí. Pero me temo que fue que este nuevo chisme me fascinó. La pequeña multitud inició el avance, pero míster Smith se coló dentro del cubículo con un aparte confidencial, algo sobre un peligroso loco homicida, y un murmullo sobre que era su guardián, dispuesto a volver a capturarlo después de una escapada. —¿No habrá amenazado a ninguno de ustedes, verdad? Los que esperaban se sintieron halagados por la confidencia, y negaron que hubiese habido amenazas, aunque dos o tres empezaron a aludir a las sospechas que habían tenido durante todo el tiempo. Míster Smith les dijo por lo bajo que él se ocuparía de aquello y desapareció dentro del cubículo, ni remotamente calculado para dos personas. —¿Qué les has dicho? —preguntó afectuosamente el Viejo. Míster Smith se sentó en sus rodillas. —Que eras un maníaco homicida. —¿Cómo? —El Viejo parecía escandalizado—. ¿Y te creyeron? —Es evidente; de lo contrario no me hubiesen dejado entrar. Pero escucha con atención. No tenemos ni un momento que perder. Has hecho unas veinte fotografías tuyas; ahora me toca a mí. Las necesitamos para nuestros pasaportes, ¿comprendes? —¿Nuestros qué? —No importa. Vas a tener que confiar en mí, ya que estás decidido a que nos vayamos sin echar mano de la magia. —¿Cómo puedo confiar en alguien que hace correr rumores de que soy peligroso? —Dame una moneda. —He utilizado todo lo suelto que tenía. —Hay que ver lo egoísta que puede llegar a ser una persona... —Yo no soy una persona. "



PUNTUACIÓN

8/10

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