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viernes, 12 de junio de 2015

LOS AMANTES DE LAURA (CAP 3)

Bienvenidos a mi mini libro, Los amantes de Laura. Durante estas páginas Laura conocerá a cinco chicos que la meterán en más de un lío, pero solo uno de ellos hará que siente la cabeza.

Laura despertó en su cama. Aún llevaba puesta la ropa del día anterior. Era temprano, pero sus padres ya estaban levantados. Podía escuchar sus voces en el salón. Laura se incorporó y un terrible dolor de cabeza se apoderó de ella. Se llevó los dedos a las sienes y las masajeó tratando de recordar lo que había ocurrido el día anterior. Solo le venían a la mente un montón de imágenes  borrosas pasando a toda velocidad.  
Ni siquiera fue al cuarto de baño para lavarse la cara ni se cambió de ropa. Se levantó de la cama y con los ojos llenos de legañas y la boca seca se dirigió al salón donde sus padres se encontraban desayunando. Al verla aparecer, su madre le dirigió una dura mirada y su padre le lanzó una mirada inexpresiva.
-Ya era hora-le dijo su madre cruzándose de brazos-siéntate, tenemos que hablar.
El tono de su voz era frío y distante, pero sobre todo, duro. Laura estaba confusa y paralizada por el miedo que le producían las reacciones de sus padres.
-¿Qué pasa?-preguntó ella, sentándose en una silla y mirándola fijamente.
-¿Es que no lo sabes?-su padre se extrañó, pero parecía más una adivinanza. Su hija negó con la cabeza.
Sus padres, compinchados y formando un complot contra ella (o al menos eso creía Laura), se miraron.
-Ayer llegaste tardísimo-respondió su madre-y acompañada por un chico desconocido.
Laura hizo memoria. Entonces recordó su rollo con Antonio, y  lo cabreado que se había ido David después de que les pillara. Cristian tuvo que acompañarla a casa totalmente ida y sin haber hecho las paces con David.
-¿No se suponía que David iba a acompañarte a casa?
Laura no sabía qué responder. Bajó la cabeza a modo de disculpa, pero eso no les bastó a sus padres.
-¡No queremos que vuelvas a ver a ese impresentable!-le dijo su padre alzando el tono de voz-si te vemos con él se va a armar una buena. Y tú señorita, estás castigada.  
Laura suspiró e hizo el ademán de levantarse pero su madre le preguntó entonces:
-¿y quién era el chico de ayer? ¿de qué le conoces?
-Cristian-dijo sin más y no pudo evitar sonreír al pensar en él. Ayer no se dio cuenta de nada porque estaba demasiado ocupada pensando en sus cosas pero hoy lo veía todo con más claridad. Cristian se había comportado como un caballero al acompañarla a casa y le había prestado su chaqueta. Que por cierto, la llevaba puesta ahora mismo. No se la había devuelto. Aunque esa sería la excusa perfecta para verle. Pero... ¿tenía su teléfono?
-¡Laura!-la muchacha levantó la cabeza volviendo al mundo real-¿Nos estás escuchando?
-No, está en en las nubes ¿no la ves?-replicó su padre con la cara desencajada.
-¿En qué piensas cada  vez que nos ignoras de esta manera?-preguntó su madre.
-pues...
-¡cállate! ¡estás castigada de por vida! ¡fuera de mi vista!
Laura regresó a su habitación muy enfadada pero aliviada al mismo tiempo. Sus padres eran imposibles. Cuando llegara el momento pensaba independizarse.  Revisó el listado de números de su móvil para comprobar si tenía el de Cristian. No. No lo tenía. Mierda. Solo podía llamar a David. Aunque Antonio también podría tenerlo.

Toni?

Al cabo de unos segundos le llegó su respuesta. 

Hola preciosa. Quieres tema? ayer no pudimos terminar la faena... 

Laura arqueó una ceja y sonrió. 

Jajaja. No, no quiero tema. ¿Tienes el móvil de Cristian?

Antonio le pasó el contacto por whasap. 

Cuando cambies de opinión... ya sabes. 

Laura no respondió. Se guardó el número de Cristian y sin pensarlo una sola vez le habló por whatshap

Hola, soy Laura. Gracias por acompañarme a casa ayer. Aún tengo tu chaqueta. Llámame. 

Al cabo de cinco segundos...

Hola, Laura. No hay de qué. Podemos vernos ahora si quieres.

Laura sonrió y le dio a Cristian la dirección de su instituto.

Miró su reloj de pulsera. Ya era casi la hora del recreo. Cogió su mochila y salió disparada por la puerta sin despedirse de sus padres.

Encontró a sus amigas sentadas en un banco. Una con el móvil, la otra con los cascos puestos. Vaya dos.
Corrió hacia ellas con la intención de animar un poco el ambiente.
-Ey, guarras-las soltó.
Ellas levantaron la cabeza para mirarla. Ana se quitó los cascos de los oídos y sonrió.
-Guarra tu madre-dijo Samantha mientras volvía a prestarle atención a su móvil.
Laura se sentó entre ambas.
-¿Sabéis lo que me pasó ayer?
-¿otra de tus batallitas?
-a parte.
Sus amigas la miraron y ella guardó silencio.
-suplicadme.
Samantha arqueó una ceja.
-Te suplicarán ellos. Nosotras tenemos dignidad.
-Además somos tus amigas-dijo Ana y Laura suspiró.
-Está bien. Ayer fue a una fiesta con David y acabé follando con uno de sus amigos en el baño. Luego me emborrache y otro de sus amigos me acompañó a casa.
-¿Y eso es todo?
Samantha sacudió la cabeza y volvió su cabeza hacia su móvil. Ana observaba a Laura que estaba radiante. Ese era el efecto del sexo.
-Pero eso no es lo más raro, sino que en menos de un mes me he acostado con veinte tíos.
-Bravo. ¿y te sientes orgullosa?-le preguntó Ana. Laura se encogió de hombros.
-¿Recuerdas cuando nos contó lo del tío ese que la había azotado?-le preguntó Samantha a Ana y ella se rio.
Laura no dijo nada. Ella sí se acordaba y no estaba orgullosa de esa experiencia. Había quedado con ese chico por internet. Llevaban meses hablando por chat y por fin habían decidido verse cara a cara. Resultó tener unos gustos un poco raros. La ató sobre la cama y la azotó como si no hubiera mañana.  La vendó los ojos y la amordazó para sentirse más dominante y le mordió los pezones como si se los quisiera succionar. Le preguntó si podía utilizar con ella unos tapones anales. ¡ANALES! Estaba loco. Como una puta cabra. Por supuesto, le dijo que no. Pero claro, ya habían empezado a follar y le daba palo decirle que no, así que, aunque no la sodomizara, porque quería hacerlo, si la sometió como si fuera su esclava. Al día siguiente no podía ni moverse y tenía moratones en los pezones y en el culo.
-¿Y recuerdas cuando nos contó que iba a casarse?-Seguía Samantha-solo tenía 19.
Laura frunció el ceño. Se estaban riendo a su costa.
-Menos mal que estábamos nosotras ahí para aconsejarla.
-y para guiarla.
Laura vio a lo lejos que alguien la saludaba y no pudo evitar que su corazón empezara a latir con fuerza. Se trataba de Cristian. Salió disparada hacia él. Cruzó la carretera corriendo con unas ganas inmensas de abrazarle y de darle las gracias por lo que había hecho la noche anterior.
-Hola-le saludó con dos besos.
-Hola. Gracias por lo de ayer.
-de nada. Fue un placer.
-Aunque mis padres me echaron la bronca.
-lo siento.
-que les den.
Cristian sonrió, y Laura comenzó a quitarse la chaqueta para dársela.
-En un par de días tengo un partido de tenis. Es el campeonato. Me gustaría que vinieras.
-Estaría encantada.
Se despidieron con dos besos y cuando Cristian se marchó Laura regresó con sus amigas.
-Y cuando nos contó que hizo un trío con dos amigos en una fiesta de disfraces.
-Que morbo ¿no?
Laura suspiró. Vaya dos.  









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