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miércoles, 25 de febrero de 2015

Cuando te encuentre (2)

Ángela y Miriam son amigas desde la infancia, lo conocen todo la una de la otra. Lo hacen todo juntas y nunca se guardan secretos. Por eso, cuando a Miriam la deja su novio le declara la guerra a los hombres.
Entonces, las dos amigas deciden hacer un pacto Nunca, pase lo que pase, caerán en brazos de ningún gilipoyas. Fueron las palabras de Miriam, días antes de que Ángela tuviera un encuentro casual con un joven en un starbacks.

Ángela 

Me he pasado todo el día intentando estudiar para los exámenes finales. Pero mi cabeza está en otro sitio.
Después del incidente de ayer he tenido que tirar la camiseta a la basura y dar muchas explicaciones a mis amigas. Me avasallaron a preguntas. ¿Por qué no le pedí su teléfono? ¿Por qué me comporté como una idiota? ¿Como se llamaba? ¡Por qué no me lo tiré? 
En fin, cosas normales.
En clase, cada día me agobio más. Los profesores nos mandan mil cosas para hacer en casa y casi no tenemos tiempo para estudiar.
No sé cómo lo hace Claudia pero siempre saca notables, estudiando la noche anterior. Miriam en cambio, necesita semanas para aprendérselo todo, al igual que yo, aunque siempre va muy justita con la nota.
Hoy, Robert se ha acercado a mí, y me ha pedido los apuntes de historia. Miriam me ha dicho que eso tan solo es una excusa para hablar conmigo pero yo no lo creo. Hay veinte chicas en clase más guapas (y con más protuberancias) que yo. Como es el ejemplo de Escarlata. Ella cree que es popular entre los chicos de la clase, pero ellos solo la quieren por sus atributos femeninos, siempre a la vista. El otro día casi se le sale un pecho de tan apretado que llevaba el sujetador.
-Tienes que sacarte un poco más de partido-me dice Claudia mientras guarda sus apuntes.
-¿Por qué? ¿Qué le pasa a mi estilo?
-Mírate. Tu estilo está diciendo "soy una estrecha" y lo que debería decir es "no soy puta pero tampoco virgen".
Abro los ojos como platos y me doy cuenta de que me he puesta roja como un tomate. No, no soy virgen, pero tampoco es que me alegre. Fue horrible mi primera vez. Menos mal que el tío acabó mudándose de barrio.
-Esta tarde vamos de compras-y me guiña un ojo.
Genial. No hay nada que odie más que ir de compras. Me cuelgo la mochila al hombro y me percato de que Robert me está mirando. A lo mejor es verdad lo de que le gusto. Si eso es cierto, cambiar de estilo sería un error.
La última vez que fui de compras fue cuando mi madre me obligó a ir con ella porque necesitaba ropa interior. Me probé una bragas del Pato Donald y salí para que me viera mi madre justo cuando aparecía el novio de mi prima, el cual está buenísimo. Lo primero que pensé fue tierra, trágame, y luego me morí de la vergüenza porque seguro que pensaría que soy una infantil.
Al terminar las clases cada una se va a su casa a comer, y a las 17:30 quedamos en el instituto para ir al centro comercial.
-Bueno, tú mandas-le digo a Claudia-¿que se supone que tengo que cambiar de mi estilo?
-todo. Un completo.
-y me lo vas a pagar tú supongo.
-Venga, será divertido.
Claudia nos arrastró a Miriam y a mí por todo el centro comercial. Empezamos a buscar por la primera planta, en una sección llamada Lencería. Nos ponemos a curiosear entre los modelitos y yo me quiero morir. Qué vergüenza. Allí hay saltos de cama, tangas,camisones, bragas...
-Este está bien-Claudia coge un salto de cama.
-¿Para qué voy a ponerme yo eso? ¿para andar por casa?
Claudia no responde y sigue cogiendo ropa. Una vez que Claudia está satisfecha, nos dirigimos a los probadores. Me entrega un sujetador y unas bragas de color negro.
Me desnudo, comprobando que la cortina está bien cerrada y Claudia me observa de arriba a abajo.
-¿Qué pasa?
-¿Tienes algo en contra de la depilación?-me suelta. Yo frunzo el ceño.
-No me depilo en invierno. Además estoy soltera, no tiene sentido nada de esto.
-Y seguirás soltera mucho tiempo como sigas así.
No respondo, es inútil. Me pruebo el sujetador y las bragas.
-Te quedan de muerte-me dice mi amiga juntando el índice y el pulgar y guiñando un ojo.
-Este sujetador me aprieta.
-Así estás más sexy.
-Claudia, cuando esté hablando con un tío quiero que me mire a los ojos no a los pechos.
-Lo llevas claro-murmura Miriam resoplando.
Suspiro. La verdad es que no me queda nada mal, y Claudia está muy entregada, así que...
Termino por comprarme las bragas y el sujetador y nos dirigimos a la tercera planta. Claudia comienza a coger un montón de vestidos, pantalones y camisetas al tuntún.
Me pruebo el primero de los vestidos y me miro en el espejo.
-Te queda genial-me dice Claudia-¿A que sí, Miriam?
-Normal. ¿Podemos irnos ya?
-Esto me parece absurdo.
-¿Quieres que los chicos se fijen en ti o no?
-Me da igual.
-¿O es que te has enamorado del chico del  starbacks?  
 Me vuelvo para mirarla y ella arquea una ceja.
-Solo lo vi una vez, y me tiró el café encima.
-Ya claro, por eso te has puesto roja.
Me miro en el espejo y me llevo las manos a las mejillas. Tiene razón. Me he puesto roja como un tomate.
-Ni siquiera sé su nombre.
No obtengo respuesta. Me quito el vestido y me vuelvo a poner mi ropa. Tengo entendido que lo mejor para enamorar a alguien es ser tú misma. Si me disfrazo no tiene sentido.
Salgo del probador con Miriam y Claudia a mis espaldas.
A claudia le suena el móvil y ella lee el mensaje de texto, tras lo cual le cambia la cara de inmediato. Se guarda el aparato en el bolsillo y nos mira con ojos llorosos.
-Chicas...-dice y nosotras la observamos-os tengo que decir una cosa.
-¿El qué?-pregunta Miriam-no me digas que se te ha muerto el perro.
Ella niega con la cabeza y nosotras aguardamos en silencio.
-Me voy-dice de pronto, pillándonos por sorpresa-mi padre ha encontrado trabajo fuera de España.
Nos quedamos de piedra al escuchar aquello. Y ninguna de las tres dice nada. Pensamos que tal vez puede ser una broma, o eso es lo que deseamos. Pero no.
-¿Cómo que te vas? ¿Para siempre?


Por la noche, las tres comemos en el bar que hay debajo de la casa de Claudia como cena de despedida, ya que se va mañana. Ella decidió no decirnos nada hasta que llegase el momento, pero sinceramente me parece muy precipitado.
Durante la cena hablamos de todo lo que hemos vivido juntas, de anécdotas, de chicos... y a la mañana siguiente fuimos a despedirnos de ella a su casa.




                                                                      Continuará...

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