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lunes, 26 de enero de 2015

LOS AMANTES DE LAURA (CAP 2)

Bienvenidos a mi mini libro, Los amantes de Laura. Durante estas páginas Laura conocerá a cinco chicos que la meterán en más de un lío, pero solo uno de ellos hará que siente la cabeza.


Laura estaba tan entusiasmada e impaciente de que llegara el momento de salir que no pudo concentrarse para el examen. Estuvo media hora mirando el libro de literatura a ver si se le quedaba algo. Al ver que eso no ocurría lo cerró de golpe y fue a arreglarse. Después de ducharse sin hacer caso a las quejas de su madre de que estaba gastando mucha agua, se secó un poco el pelo con el secador, se puso un vestido muy corto de color verde, se maquilló y se hizo un moño.
A menos cuarto, David ya estaba clavado en su puerta. Se dieron dos besos y se dirigieron al metro cogidos de la mano y hablando de lo aburrido que había sido el día.
-¿Y bien? ¿A dónde vamos?-preguntó Laura mirando su reflejo en el cristal del metro cuando el tren entró en el túnel.
-A una discoteca. He quedado allí con unos amigos.
-¿los conozco?
-no.
 Y eso fue todo. No hablaron más en todo el trayecto pues David tenía suficiente con mirarla a ella y ella suficiente con estar junto a él.
Al cabo de media hora los dos se bajaron del metro y caminaron a paso ligero hasta llegar a la salida. David miró su reloj de pulsera y suspiró. Llegaban un poco tarde. 
Cuanto más se acercaban a la discoteca, Laura sentía cada vez más el tamborileo de su corazón. Le apetecía bailar, saltar, chillar. Su cuerpo se lo estaba pidiendo a gritos.
Llegaron a la puerta y el pitido de un watshap sonó en el móvil de David.
-Es Antonio, preguntando si nos hemos perdido por el camino-dijo él, sonriendo y respondiendo a su mensaje. El hombre que se encontraba en la puerta los dejó pasar, y una vez dentro la música les taladró los tímpanos.
-¡Ahí están!-gritó David para hacerse oír por encima de la música.
-¿Dónde?
-¡Allí!-Laura siguió con la mirada el dedo de David y vio a dos chicos y una chica saludándoles desde lejos. Se acercaron a ellos y David les presentó.
-Laura, estos son Antonio y Cristian-dijo, señalando primero a uno y luego a otro-y ella es Raquel.
-Hola-les dio dos besos a cada uno y se fijó en ellos detenidamente.  El primero tenía la cabeza completamente rapada y un par de piercing en la ceja izquierda. El segundo tenía el pelo negro corto y una sonrisa encantadora. En la chica no se fijó demasiado, pero pudo apreciar que era pelirroja. 
David y Laura se pidieron algo en la barra y mientras se alejaba para bailar un poco junto a Raquel, David aprovechaba para contarle a Cristian lo que tenía en mente.
-Puede que esté loco-dijo-pero necesito tu consejo.
-¿Mi consejo?-Cristian lo miraba expectante mientras bebía de su vaso.
-Sí, voy a pedirle a Laura que sea mi novia.
Cristian lo miró alzando una ceja.
-Creía que ya lo era.
-A medias. Se podría decir que somos amigos con derecho.
-¿Y qué vas a decirle?
David se lo pensó un momento. Luego sonrió e introduciéndose la mano en el bolsillo sacó una cajita negra. Cuando la abrió su amigo se quedó de piedra.
-¿No crees que es un poco pronto para eso?-dijo, observando el anillo de oro que había dentro.
-No es un anillo de compromiso, solo es una forma más formal de pedirle que sea mi novia.
-Te habrás gastado un pastón.
-Eso no importa-dijo él dirigiendo su mirada hacia la pista, donde Raquel había comenzado a bailar con un chico desconocido. Pero Laura no estaba con ellos. David miró a su alrededor pero no la vio por ninguna parte.
-¿Y Laura?
Cristian se encogió de hombros.
-Estará por ahí.
-voy a buscarla.
Volvió a guardarse la cajita en el bolsillo y caminó entre los cuerpos sudando e hipnotizados por la música y el alcohol hasta las escaleras. Seguía sin encontrar a Laura. La llamó varias veces al móvil pero no respondía. Estaba comenzando a preocuparse.
¡¿Dónde coño estaba?! Entró en el cuarto de baño para refrescarse la cara y escuchó un sonido que le resultó extrañamente familiar.   
-mmm…. Sigue…
David abrió mucho los ojos al darse cuenta de que esa voz, precisamente esa voz, era la de Laura. Se acercó lentamente a la puerta y miró por el hueco que había arriba.
No podía ser verdad. ¡Toni! Sí, sí que lo era. Laura estaba sentada encima de él con los brazos alrededor de su cuello mientras votaba y gemía sobre su miembro.
David fue a marcharse, con el corazón encogido y muchas ganas de vomitar, pero algo que dijo Laura le hizo reaccionar ¡Sí, Toni, sigue! Se volvió hacia la puerta y la abrió de un empujón.
-¡Ahhh!-chilló Laura levantándose de encima de Antonio mientras miraba a David con cara de sorpresa.
-¿David?
-¡Eres una guarra!-dijo, sin poder callarse por más tiempo. No quería insultarle, pero aquello realmente le había dolido.
Antonio se levantó despacio y se subió los pantalones.
-Bueno… pues yo… os dejo solos. Se ve que tenéis mucho de qué hablar-hizo el ademán de marcharse pero David se lo impidió poniéndole la mano en el pecho y empujándole hacia atrás.
-y tú… tú eres un ¡cabrón!-y le dio tal puñetazo en la nariz que Antonio perdió el equilibrio y su espalda chocó contra la pared.
-¡Ahí os quedáis!
-¡David, espera!-Laura intentó detenerle pero cuando salió del baño él ya había desaparecido. Estaba confusa, muy confusa. No entendía por qué le había molestado tanto que se lo montara con otro si ellos solo eran follamigos.
Bajó las escaleras hasta el piso de abajo y atravesó el resto de la discoteca hasta llegar a la salida. Ahí fue cuando comenzó a llamarle su madre. No lo cogió. No le apetecía dar explicaciones. Además se sentía fatal, y con ganas de tumbarse en la cama y dormir.
Salió fuera y se sentó en los escalones. Era muy tarde y las calles estaban casi desiertas.
No quería volver sola a casa.
Suspiró cuando alguien se sentó a su lado y le tendió un cigarrillo. Ella lo aceptó sin ni siquiera mirarle.
-¿Estás bien?-era la voz de Cristian. Laura negó con la cabeza, expulsando el humo por la boca.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué se ha ido David tan cabreado?
Esta vez, Laura levantó la mirada hacia él, y sus ojos se cruzaron con los suyos. No pudo evitar que se le revolviera algo ahí dentro. Y no, no precisamente por el alcohol. La luz de una farola le iluminaba la cara y podía ver con claridad la expresión de su rostro. Parecía mucho más guapo que en la discoteca, con todo el humo y la iluminación de los focos…
-Eso mismo quisiera saber yo-dio otra calada a su cigarrillo.
-David iba a pedirte que fueras su novia. Si te compró un anillo y todo.
Laura no se inmutó, pero por dentro estaba empezando a sentirse como una mierda. Como si le hubiera puesto los cuernos, aunque en realidad no estaban juntos. Ella no tenía la culpa de que David se hiciera ilusiones.
-Entonces sí que la he cagado-dijo. Cristian la miró con incredulidad. No tenía ni idea de lo que había pasado en el baño pero no tenía intención de preguntar. Finalmente, al ver que Laura se frotaba los brazos, se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros, diciendo:
-Vamos, te acompaño a casa.



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